En sus comienzos, la pandemia mundial de obesidad afectaba a los países más industrializados. Pero el mapa fue cambiando y se va haciendo más homogéneo: hoy son muchos los países en vías de desarrollo que enfrentan el problema.
En sintonía con esta tendencia, un análisis interno de nuestro país muestra que el porcentaje de personas con sobrepeso en zonas menos pobladas como la Patagonia, el Litoral o el Noroeste (NOA) empezó a ser similar al de los centros urbanos.
Según la 3° Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, realizada en 2014 por el Ministerio de Salud de la Nación, el 60% de los argentinos tiene sobrepeso y el 20%, obesidad. Este último dato es muy preocupante, si se tiene en cuenta que hace una década el 14,6% de la población presentaba obesidad, lo que indica que esta población se incrementó en un 42,5%. Además, el 34% de la población es hipertensa.
Según información brindada por el doctor John Hall antes de su llegada al país, las mencionadas cifras determinan que la Argentina ocupa el puesto 13 entre los países del mundo con mayor prevalencia de sobrepeso. Junto con los EE.UU (puesto 9° con más del 74% de prevalencia), Barbados y México, son los únicos cuatro países de América que figuran entre los 20 del mundo con más sobrepeso, y por delante de los países europeos, de los cuales sólo figura Grecia. “Y esto tendrá serias consecuencias ya que, como sucede en Argentina, la obesidad es el mayor desafío para la economía del sistema de salud”, alertó Hall.
“Aunque a nivel estadístico es evidente la relación entre obesidad e hipertensión, a nivel fisiológico aún no está del todo claro el mecanismo definitivo que las asocia”, señala la doctora Mónica Díaz, miembro de la SAHA, quien se referirá a este tema durante el congreso. En su opinión, el aumento de la presión en las personas obesas podría deberse a una reabsorción excesiva de sodio que estimula el sistema nervioso simpático o incluso podría deberse al impacto directo de la presión intra-abdominal sobre los riñones, que regulan la presión arterial a la vez que realizan el filtrado de la sangre.
Estas causas fisiológicas serán debatidas en profundidad en un simposio conjunto entre la SAHA, la UNT y la American Physiological Society, con la participación del doctor John Hall, “quien es, entre otras cosas, el coautor del libro Fisiología Humana, de consulta obligada para todos los médicos y estudiantes de Medicina del mundo”, apuntó la doctora María Peral de Bruno, presidente del comité científico del congreso,
La doctora Mónica Díaz acotó: “La obesidad favorece el desarrollo de la HTA, complica su evolución y dificulta su tratamiento porque se necesita mayor número de drogas o dosis más altas para controlar al paciente hipertenso-obeso. En suma: dificulta el control de la HTA. Queda claro entonces que el control de la obesidad es una herramienta muy útil para prevenir y tratar la HTA”
La especialista argentina agregó que los pacientes con obesidad e hipertensión que bajan de peso, en general, “disminuyen su presión arterial, por lo que es común que deban usar menos drogas o menos dosis de antihipertensivo”. Y que “aunque el descenso de peso a veces no se acompañe de descenso de la presión arterial, el paciente se ve beneficiado por el hecho de alimentarse correctamente”.